Me despertó con caricias…
Quería despejar mi cara de mi pelo enredado
Dijo: café o té? Y desplegó utensilios irreconocibles a simple vista, hizo su magia y desayunamos en el deck con un rayito de sol que me daba en la cara.
Mientras me acomodaba los lentes, decía: esta mermelada la hice yo, y el pan también.
Mi mente se perdió ahí mismo, con el ritmo de sus recetas. No dejaba de pensar ‘qué ser tan extraño es este’. Esa sonrisa blanca e intrigante, esa boca que no podía dejar de ver mientras me contaba procedimientos que nunca voy a hacer.
Qué es exactamente lo que me atrae? En qué pensaba cuando gestioné todo esto?
No era difícil encontrar respuesta alguna, esa sonrisa casi perfecta para promocionar un producto dental, esos ojos cansados que parecen un portal a algún lugar en el que necesito estar. Esa forma de decir que todo va a estar bien cuando se desmorona todo alrededor… Eso, eso que tenes, que me encanta.
Eso que sos, que me da miedo. Eso en lo que no confío y que me encanta. Eso es lo que me tiene acá, otra vez.
Esa sonrisa que estira tus labios apenas un poquito hacia un lado.
Esa túnica, que me excita por todos los pasillos del hospital cada vez que te veo…
Esa paz que me das cuando pones tu mano en mi cintura y me llevas contra tu pecho. Ese cosquilleo cuando respiras cerquita y sentís el olor de mi pelo.
Nunca quise quedarme, pero hoy…
