Cuando me escribiste y te dije que estaba de muy mal humor, te acordas?
Me dijiste que pasabas a buscarme, salí conteniendo las lágrimas y me regalaste ese chocolate con frutilla por dentro. Que debería de venir con una bomba de insulina. Ese chocolate que levanta a cualquiera de la pena infinita.
Dijiste que había un vino en casa, me escuchaste todo el viaje, toda la cena, todo el vino. No entendías nada del problema pero me abrazaste fuerte mientras yo con una mano me secaba las lágrimas y en la otra tenía la copa.
Mira que sos detallista y genio. Mientras olía tu perfume en tu cuello, me tocabas el pelo y me decías que todo tiene solución.
Y yo con toda esa rabia contenida, con ese espíritu justiciero que me caracteriza, me empecé a calmar con tu voz tranquila, con tu abrazo eterno y tus detalles.
Te miraba a los ojos y aunque tenía cara de mal día, sentía un imán en tu mirada. Sentí que me brillaban los ojos al verte, siento que no puedo pedirle más al universo.
Y eso sos, lo mejor de todos mis días. El mejor partner en los días malos, comprensivo, detallista, amoroso. Y el payaso más sexy y gracioso de los demás días.
Cuando me levanto y te veo ya me empiezo a reír. Tus besos al tono de «good Morning, Good Morning» Son lo más!
Alegras todo, llenas cada espacio solamente con pestañear.
Lo mejor en mis bad/hard days sos vos.