Tengo una estrella fugaz a mi lado ahora, brilla tanto que encandila, quema, deja marcas en la piel.
Llega de sorpresa, dibuja risas en el aire, hace que tu corazón estalle … y se va, no deja rastros, no hay pruebas, solo tu corazón en pedazos y la alegría de haber vivido el momento.
Esas estrellas que dan ganas de seguir hasta el fin del mundo, esas que pasan años y te hacen suspirar.
Tengo una estrella fugaz en mi piel, la odio porque cuando pasa deja un vacio tan grande que cuesta mucho superar, esa estrella de alma pura que se preocupa y que ama con todo su ser, pero no es de este cielo, no puede quedarse y no puedo seguirla.
Esa estrella llena de paz que ama la naturaleza y cada momento es tan valioso y aprovechable.
Mi estrella fugaz detiene el tiempo, no importa lo que pase alrededor, ella simplemente toma tu mano, te hace mirar las nubes y reír, simplemente te hace feliz, alegra tu mundo, tus días, te cambia la cara, te explota el corazón… y se va
Cuando miro mi amada y pálida estrella brillar, pienso en lo breve que son los momentos y lo importante de vivirlos.
Quizás muera antes de que pase por mi cielo, o quizás la vea irse nuevamente, pero no me arrepiento de haber vivido cada segundo admirándola, paralizando todo, explotando mi caótico y oscuro mundo.
A veces pienso en retenerla, que se quede junto a mí, quiero verla brillar por siempre. Pero no sería justo para mi estrella libre de otro cielo. El amor no hace eso, no retiene, el amor es libre y mi estrella también.